El pasado sábado 18 mi marido tenía una comida a medias entre el almuerzo de trabajo y el puro compromiso social. El resto de comensales eran gente de su trabajo con sus respectivas parejas, pero no era algo formal de empresa, ni en principio debían tratarse temas profesionales (Aunque inevitablemente salieron en la conversación). No era cuestión de ir súper formal como si fuera un evento de gala, pero tampoco era admisible el estilo "casual" más puro y duro, los jeans estaban desterrados!! Si hubiera hecho más frío, me habría decantado por un traje chaqueta de esos que suelen quedar bien en toda ocasión, pero el clima está siendo algo alocado este otoño, el sábado hacía bastante calor, y no quería empezar a sudar como un pato con chaqueta de manga larga en cuanto me viera sentada a la mesa de un comedor cerrado. Prefería algo más liviano, y llevar preparado un chal por si se ponía fresca la tarde.

Elegí por tanto este vestido, no estrictamente de fiesta. Es desenfadado, pero da el pego si la cosa se pone seria, tiene en suma la característica que más me gusta de cualquier prenda: Que sea polivalente, lo más polivalente posible, que te valga para cuantas más y más diversas ocasiones mejor.

El detalle de mi maquillaje y peinado (Soy consciente que en la foto anterior mi pelo está horrible, pero no tengo otra de cuerpo entero...)

Otro detalle, un anillo que estrené para este día. Está hecho a mano por mi madre, que tiene afición y tiempo de hacerse su propia bisutería, lo que para mí le confiere mucho más valor...