Mi buena amiga Luisa Verdú, diseñadora y fashionista incansable, se ha ido decantando poco a poco por el vintage cada vez más extremo, hasta el punto que ya prácticamente no viste nunca prendas que tengan menos de quince años de antigüedad, o bien nuevas pero imitación de modelos antiguos.

Exagerar con el vintage nos lleva generalmente a confundir originalidad con extravagancia, a querer dar un toque diferente a un modelo y acabar disfrazadas de nuestra bisabuela, Y sin embargo Luisa, debo reconocerlo, sabe parar justo a tiempo, en el límite entre lo extraño y lo ridículo, de modo que, vistiendo de modo tan particular, no quede "rara" sino "exótica", llamando la atención por sus combinaciones coloristas de tonos y sus mezclas imaginativas de prendas de épocas diversas. Aquí dos ejemplos: